Empezar a escribir puede convertirse en un reto para quien quiere plasmar en el papel las historias que le rondan por la mente. A algunos les sale de manera natural, pero otros necesitan una guía. En esta serie de artículos, irás aprendiendo, de la mano de varios escritores, cómo adentrarte en cada género narrativo para empezar a crear esa historia que siempre soñaste escribir.

El artículo de hoy se centra en el thriller. Luis A. Santamaría es escritor del género. Ha publicado varios libros como Reflejos en el espejo, El secreto de Oli, El aleteo de la mariposa, Veinte veintitrés o Mensajes ocultos.  Te invito a que te des una vuelta por su página, donde podrás leer los artículos de su blog y estar al día sobre su proceso de escritura. Además, si te suscribes a su newsletter, recibirás un libro gratis. ¡Nada menos!

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Crear un misterio por resolver

No hay thriller sin misterio que resolver. El lector debe sentirse partícipe de la investigación del protagonista, y creerse lo bastante listo como para dar con el villano (en el último punto del artículo intentaremos evitar que lo consiga).

Lo habitual en los thrillers o novelas policíacas es que este misterio sea un asesinato, pero también puede ser una desaparición, un conflicto entre protagonista y antagonista donde solo uno de los dos puede tener razón, o incluso una guerra política. Cualquier cosa vale mientras impliquemos al lector en ese misterio que lo tendrá en vilo hasta el final de la novela, si lo hacemos bien.

Enganchar, especialmente al final de cada capítulo

La mejor manera de mantener al lector pegado a las páginas de una novela es reservar pequeños misterios para los finales de capítulos. Y si los capítulos pueden ser cortos, mucho mejor. Estos giritos, también conocidos como cliffhangers, obedecen a una cuestión científica.

Según la teoría de Zeigarnik, el ser humano se siente incómodo si deja las cosas sin acabar. Ese es el motivo por el que las novelas de Agatha Christie o la serie Perdidos tuvieron tanto éxito. Gracias a Zeigarnik, los lectores nos sentimos con la necesidad de terminar un capítulo antes de dejar de leer (os ha pasado, ¿a que sí?). Vale, pues como autores podemos aprovecharnos de este fenómeno añadiendo giros argumentales al final de cada capítulo. Así, el lector se verá empujado a seguir leyendo para saber lo que pasa con ese giro, y cuando se quiera dar cuenta ya estará metido de lleno en un nuevo capítulo. Somos malignos, sí, lo sé.

Eliminar el villano sorpresa

Ya hemos dicho que en un buen thriller el autor debe sentirse partícipe de la resolución del misterio, así que tenemos que darle las suficientes pistas para que lo consiga (en nuestra mano está marearlo para que no lo consiga).

Pero si al final resulta que el villano es alguien que no había sido nombrado previamente a lo largo de la novela, estaremos haciendo trampas, y el lector se sentirá engañado. Y un lector engañado es sinónimo de una mala crítica.

Evitar las descripciones innecesarias

Es habitual que en una novela de misterio existan elementos poco conocidos para el lector. Procedimientos policiales, tipos de armamento, venenos, etc. Es normal que como autores nos documentemos sobre estos aspectos, y está muy bien, porque así la novela quedará más creíble. Pero no porque nosotros sepamos mucho sobre algo tenemos necesariamente que explicárselo al lector.

Un ejemplo: yo tengo un primo que es policía, y para una subtrama de mi novela El aleteo de la mariposa, le pedí información sobre cómo se relacionan las policías de distintos países, y eso me llevó a saber un montón de cosas sobre la Europol. Gracias a eso, mi novela es más verídica, pero no por ello dediqué varios párrafos a explicar cómo funciona la Europol. Es algo que seguramente no le interese al lector lo más mínimo.

Ser gráfico y morboso (aunque sin pasarse)

Alguien del mundillo me dijo una vez que al ser humano le gusta el morbo, y que como autores debemos proporcionárselo al lector. Leyendo a autores como Stephen King o E.L.James, por citar dos de distinto género, parece que eso del morbo es verdad. Mi consejo es que, si en la escena hay un cadáver en descomposición, debemos decirlo. No soy partidario, eso sí, de recrearse en las vísceras, litros de sangre o larvas varias, pues no queremos que el lector se sienta incómodo.

Y lo mismo con las palabrotas. No es correcto que una novela esté repleta de palabrotas, pero si estamos escribiendo un diálogo entre dos narcotraficantes de El Paso, estamos obligados a incorporar palabras malsonantes. De lo contrario no estaremos siendo fieles a la realidad.

El truco final

Un buen thriller que se precie debe contener un final sorprendente. Para ello, si hemos hecho los deberes durante la novela, habremos ido poniendo trampas al lector y creando algunos caminos sin salida para que el final tenga múltiples opciones. Nunca debemos escoger el final más previsible (recuerda que queremos sorprender), pero a la vez ese giro final debe tener sentido con lo que hemos contado previamente (recuerda evitar el villano sorpresa). Para esto ten siempre presente la teoría de Chejov, que decía que si al principio de la novela muestras un revolver, más te vale que alguien lo dispare en algún momento de la historia.

Reserva tus mejores recursos literarios para el desenlace, saca lo mejor de ti, porque un thriller sin un buen giro final pierde muchos puntos. Y una vez escrito, volveremos al principio del libro y repasaremos bien todos los cabos, porque es posible que nos hayamos dejado alguno suelto, cosa que bajo ningún concepto debe ocurrir.

¿Qué te ha parecido el artículo? ¿Te gusta escribir thrillers? ¿Leerlos? ¿Tienes alguna duda sobre el tema? Cuéntamelo en los comentarios


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Correctora, lectora profesional, filóloga y escritora de fantasía juvenil. Ayudo a escritores tanto de ficción como de no ficción a mejorar y pulir sus textos, y a dejarlos listos para publicar. Les enseño cómo revisar sus libros y todos los secretos de la autopublicación.

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