La fase de corrección de una novela puede ser agotadora, pero es un momento al que debe enfrentarse todo escritor. Tras crear tu manuscrito, toca revisar y perseguir todos los errores sin compasión, aunque luego lo envíes a un corrector que le de un último vistazo.

He tenido la suerte de poder reunir a nada menos que a quince escritores de ficción, de géneros diferentes, y de no ficción, para que te cuenten cómo se organizan cuando tienen que corregir. Me siento muy afortunada por la participación y les doy las gracias por querer colaborar conmigo en esta idea loca que me surgió.

Estoy segura de que ver otras maneras de corregir te ayudará a replantearte cómo te enfrentas a tu propia corrección; o tal vez te sientas identificado con algunas experiencias.

ADELLA BRAC

Escritora de fantasía juvenil

Para mí, esta fase es una pesadilla, ¡tal cual! Soy lectora editorial, no correctora, pero intento formarme todo lo que puedo en ese campo, ya que actualmente, por desgracia, no puedo permitirme pagar una corrección profesional.

No sabría decir cuántas vueltas le doy al texto, porque son muchísimas. De la primera corrección me encargo yo misma. En el momento en que considero que tengo una versión suficientemente pulida, la paso a mis escuderos fieles, mis lectores cero de más confianza. Teniendo en cuenta todos sus comentarios vuelvo a corregir. A veces, eso incluye reescribir escenas enteras.

Cuando ya no sé qué más tocar, llega la hora del segundo grupo de betas, formado por amigos escritores. Como suelen pasar un par de meses hasta que recibo sus comentarios, el texto ha reposado y yo he mejorado como escritora, así que, teniendo en cuenta sus opiniones y mi propio criterio actualizado,
vuelvo a corregir.

Lo dejo descansar unos días y vuelvo para dar las vueltas finales. Lo dejo descansar y vuelvo. Lo dejo descansar y vuelvo… Llegado a este punto, es difícil saber cuándo parar, pero de alguna manera, lo sé.

ALDA VESTRE

Escritora de novela romántica

Aún no hace un año de la publicación de mi primer libro. Ha sido una experiencia increíble. Todo es nuevo para mí en este mundo mágico donde he visto volar mis palabras, las que escribía y releía yo sola, y ahora pertenecen al mundo despojadas de mi protección, desnudas ante miradas ajenas.

El tema de corrección fue una más de las novedades. En mi caso se lo di a dos familiares que leen mucho y me ayudaron en el tema de acentos, comas y puntos.

Una vez publicado encontré muchísimos errores, tanto de imprenta donde habían juntado palabras, como de acentos y puntuaciones que se habían colado en tan ardua tarea. Por suerte, mi editorial imprime a demanda y puedo ir corrigiendo según voy encontrando errores.

En mis próximos libros ya tengo una amiga filóloga dispuesta a revisar los textos antes de lanzarlos a la aventura del mundo exterior.

ANA GONZÁLEZ DUQUE

Escritora de fantasía juvenil y comedia romántica

He de decir primero que cada día antes de empezar a escribir corrijo lo que he escrito el día anterior. Eso me sirve para ponerme en situación y «precalentar». Así que cuando hago la primera corrección, en realidad es la segunda. Si no tenemos esto en cuenta, hago cuatro correcciones. 

Una primera nada más terminar la novela. En esa, corrijo estilo, trozos de trama que veo que me han quedado flojos o incongruencias (por ejemplo, que en un capítulo tenga un padre unicornio y, en el siguiente, sea su madre. Cosas de esas). Y una vez terminada esta, la envío a los lectores cero y me pongo con otra cosa. 

Cuando todos los lectores cero me han enviado su informe, hago una segunda corrección. Cambio los puntos en los que todos coinciden y valoro los que me apuntan individualmente. Vuelvo a revisar estilo y ortografía. Y se lo envío al corrector. 

Cuando el corrector me lo devuelve, cambio las cosas que me dice. Normalmente, le hago en caso en todo, que para eso me busco buenos correctores. 

Y hago la última revisión que sería en voz alta. Leo cada capítulo en voz alta porque es la única manera de descubrir erratas (aunque siempre se cuela alguna. Son escurridizas, las jodidas). Termino al cabo de unos días con una novela lista y una laringitis aguda, preparada para hacer mi propuesta editorial (si va a editorial) o para maquetar(si la autopublico).

ANDRÉS GÓMEZ ORDOÑEZ

Escritora de ciencia ficción

¡Qué maravilloso es escribir cien páginas! O doscientas… o mil… pero qué tortura es revisarlas. Antes que nada peleas con el corrector ortográfico, luego lees por primera vez, corriges, añades, quitas, ¿de dónde salió esa tilde? ¿Cómo pude poner esta vieja aquí? ¿No que los autos volaban?

Luego vuelves a leerlo, tal vez en voz alta, y cuando te convences de que el manuscrito es digno de la Biblioteca del Congreso, entonces lo envías a tu “primer lector”; esperas con paciencia, vuelves a corregir… y cuando ya te tienes confianza, lo envías a “esos lectores”. Esos que se toman su tiempo y que saben usar tan bien el escalpelo.

Después de cinco o seis revisiones –y cuando ya no estás tan convencido de que tu libro llegue alguna vez a la Biblioteca del Congreso–, es cuando por fin estás listo para publicar.

Tal vez escribir sea fantástico, porque nada mejor que crear realidades; pero el verdadero –y más odioso– trabajo está en la macabra revisión.

DAVID OLIER

Escritor de ciencia ficción

Mis correcciones empiezan mucho antes de terminar de escribir. Cada día reviso lo que escribí el día anterior, corrijo las inconsistencias, elimino cualquier nota/comentario que corresponda, unifico la coherencia y doy un repaso general a gramática/ortografía y estilo. Nada complicado que lleve demasiado tiempo, pero lo suficiente como para que el texto ya no apeste a primer borrador y empiece a oler a manuscrito terminado.

Cuando termino ese primer borrador, más o menos pulido, hago una corrección mucho más seria del texto completo. Una corrección que me lleva semanas y en la que busco dejar cada línea y cada párrafo lo más limpio posible. Busco los que sé que son mis puntos flacos y los fallos que me suelen remarcar los correctores. Aquí me preocupo de dos cosas: #1 tener un primer borrador lo más pulido posible y #2 que la historia esté perfectamente hilada.

Después de esto, llegan los lectores cero (con las consiguientes revisiones para incluir sus comentarios) y el envío del texto al corrector. Así que, para cuando reviso el texto del corrector e incluyo sus sugerencias, podría decirse que llevo entre 3 y 5 revisiones completas del texto, más las revisiones parciales que haya ido haciendo.

GABRIELLA CAMPBELL

Escritora de ficción (fantasía oscura y fantasía cómica) y no ficción

Corregir siempre es una tarea muy difícil. Conozco a pocos autores a los que les guste. Lo mejor es contar con un profesional, pero eso no quita que revisar y reescribir te va a tocar, sí o sí. Da igual los conocimientos que tengas: sabes que hay erratas y errores que se te van a escapar. Tras muchos años de editar, corregir y analizar el estilo de otros autores, me di cuenta de que había muchos problemas que se repetían, así que decidí escribir un libro sobre ello. Mi intención era explicarles a otros escritores que empezaban cuáles eran los métodos de corrección más útiles y qué errores eran los más comunes.

Aun así, da igual lo que hagas. Siempre habrá cosas que se escapen y creo que la muestra de madurez de un autor es aprender a aceptarlo. Por eso, mi libro de corrección comienza ahora con esta dedicatoria:

LAILA R. MONGE

Escritora realista y social

Cuando empecé a escribir mi novela, la primera idea fue trabajar con una editorial de coedición porque eso suponía no tener que esperar negativas de las editoriales. Por suerte, encontré el grupo El escritor emprendedor y a Ana González Duque, y entre todos me ayudaron a ver que no era la mejor opción.

Con la idea de autopublicar me di cuenta de que esto lleva mucho trabajo, pero poco a poco me está gustando y disfruto de cada paso. Luego llegó mi grupo mastermind, donde cinco escritoras nos ayudamos y nos apoyamos con proyectos independientes y alguno común.

Mis compañeras del grupo mastermind son las primeras que revisan mis textos, y gracias a ellas me di cuenta de la importancia de trabajar con un corrector profesional; pues ellas, sin serlo, vieron grandes fallos.

Después de que cinco chicas detecten faltas de ortografía, me den sugerencias para el texto, y me ayuden con la extensión de los párrafos, el texto pasa a los lectores cero. Así ya llevaría la escritura, la reescritura, una revisión previa, varias de faltas y sugerencias, y una lectura.

Los lectores cero, todos ellos escritores, me responden con varios comentarios para mejorar la historia, que está otra vez en reposo, pendiente de que la retome. Una vez que vuelva a retocar con las sugerencias de los lectores cero, mis cinco supervisoras volverán a darme su opinión. Cuando tenga la versión más perfecta, la pasaré a una correctora profesional para que haga revisión ortotipográfica y de estilo, y así con ella pulir la obra al máximo para poder sacarla al público.

Por suerte, no me tomo a mal las críticas, porque sé que todas son constructivas, y gracias a ellas estoy aprendiendo y mejorando mucho.

LEYLES RUBIO LEÓN

Escritor de ficción y no ficción

Los mejores platos de comida los hacía mi abuela Dora. Y aquellos vienen a la mente cada vez que decaigo, que me siento en un hoyo sin salida. Sucede con frecuencia a la hora de corregir textos míos, cuando trabajo los incontables borradores de mis proyectos.

La evoco no solo por los sabores perfectos que ideaba sino por su método de trabajo, que quizá influyó mucho en el mío. Recordar su obsesión por el tiempo de cocción, es la mía por pensar y decidir una palabra precisa y potente; cuando ella cambiaba algún insumo, en mi caso sería la transformación de un episodio —dándole profundidad o vacío— y; al momento en que se cuidaba del picante, me sucede con los adverbios.

Ella probaba y probaba hasta dar con el punto exacto de la Papa a la diabla, y yo lo hago en cada página: reescribir, rehacer, editar, añadir.Pulir la estructura, el lenguaje o los puntos de vista, para darle más vida al desarrollo de una historia.

Dora, creadora infatigable, me enseñó que hay que poner la técnica al servicio del oficio, y que ahí la lucidez es lo importante. En la temporada que corrijo —a veces lo hago en voz alta— procuro que la técnica enriquezca esa historia de la forma más persuasiva posible.

Claro que corregir lleva su tiempo. Es por ello que es importante fijarse deadlines y respetarlos. Así es como ambos vamos viendo con paciencia cómo va tomando forma nuestra creación, porque mi narrativa también es de mi familia. Me nutro de ella.

En la intimidad de estos párrafos quiero revivir aquellos aromas de la cocina —la cebolla, el queso freso, el ají—; la música de Isabel Pantoja, que tanto le servía de inspiración; y su llamada: «Bajen a almorzar». Y al final, nos preguntaba si nos gustó. Y yo respondía algo que quisiera que los editores profesionales y los escritores amigos, con los que trabajo mis manuscritos, respondieran: «Perfecto, abuela».

LUIS DAVID PÉREZ

Escritor de no ficción

A priori el proceso de corrección de una novela suele ser una tarea tediosa. En mi caso ocupa más del 50% del tiempo que dedico a toda la obra, por lo tanto he de concienciarme para no acabar asqueado. Por lo tanto, lo primero es programarse uno mismo para disfrutar puliendo tu texto.

Parto de una lectura general del borrador en la que realizo modificaciones a gran escala (estructura, solapamientos, legibilidad…) y anoto aspectos en los que centrarme en el siguiente paso. A partir de ahí realizo la corrección fuerte donde desgrano cada párrafo, trato de unificar el estilo y eliminar todo aquello que sobre o estorbe.

Seguimos con la reducción de palabras repetitivas como adverbios acabados en mente y palabras que solemos repetir en exceso como mientras, encuentra, recuerda, piensa, comienza, siente, momento, etc.

He de señalar que el texto necesita reposar entre fase y fase, para ello suelo dejar unos días de descanso para liberar mi mente. Una de las cosas más complicadas es quitarme las gafas de escritor y ponerme las de lector, es muy complicado olvidarse de la historia y verla desde una perspectiva virgen. Finalizo el proceso recibiendo los comentarios de seis lectores, todos ellos diferentes entre sí y siempre buscando la objetividad y sinceridad.

M.M.J. MIGUEL

Escritor de fantasía

Pienso que cada manuscrito tiene un registro. A la hora de corregir mis trabajos narrativos —en especial los cuentos— parto de la idea de que, tal vez, la historia me esté pidiendo recursos.

Sin entrar en abstracciones, el acto de corregir debe estar ligado al lenguaje con el que el cuento fue creado. La corrección es, si me permiten la definición, la búsqueda de la palabra precisa; la construcción sintáctica que mejor se acomode al ritmo narrativo. Me aferro a lo que se dice por allí: la corrección es la verdadera escritura.

En realidad, me funciona alejarme del cuento una semana o dos. Sin importar su extensión, recalco que mientras más ajeno seamos de nuestro texto, más críticos seremos a la hora de corregir. No tengamos miedo en cortar, pegar y deformar. En cuestiones de estilo debemos abogar por la eficacia, y entender que cualquier problema de escritura puede provenir del criterio con el que nos embarquemos a la tarea.

Como hablo de ritmo y estilo, el remedio es leer en voz alta, con mucha lentitud, cada párrafo. Busquemos cacofonías, oraciones confusas y reiteraciones innecesarias. Está de más decir que nuestro idioma tiende a complicarse y a esconder las imprecisiones del lenguaje en una maraña de comas y puntos. Atentos.

MARÍA R. COCO

Escritora de ficción

1. Escritura. Aquí ya soy bastante tiquismiquis. No soy capaz de escribir sin revisar una y mil veces lo que voy poniendo sobre el papel. Si hago un cambio que puede afectar a párrafos o capítulos anteriores, vuelvo atrás y reviso. Hago los cambios pertinentes y sigo adelante. Solo dejo marcado en Word los párrafos que quiero reescribir completamente, que necesitan documentación específica o que pueden ser eliminados o ampliados.

2. Reposo. Normalmente dejo los textos reposar una temporada (depende de si tengo prisa por un final de plazo o no). Pueden ser días o semanas.

3. Relectura. Releo y marco los cambios. A mis lectores cero les paso el texto previo a esta corrección. ¿La razón? Ver si lo que deseo modificar tiene sentido o estoy sobrecorrigiendo. La mayoría de las veces señalan cambios que tienen que ver con cómo se imaginan ellos a los personajes o las situaciones o incongruencias en las tramas.

4. Primera modificación con las sugerencias de los lectores cero y mis cambios.

5. Lectura en voz alta, en relatos especialmente, porque es donde más importa la musicalidad. También lo hago con escenas o capítulos que requieren un ritmo concreto.

6. Más cambios para solucionar esas faltas de ritmo.

7. Pulido y terminado. Nueva lectura, se lo paso a uno de los lectores cero (solo a uno) y listo.

MARTA GONZÁLEZ PELÁEZ

Escritora de ficción histórica

El consejo que se escucha una y otra vez es que no te preocupes por corregir, sino de escribir, ya habrá tiempo para eso. En mi caso creo que no escuché este consejo hasta que era demasiado tarde para cambiar mis costumbres. Cuando siento que estoy atascada y no puedo seguir escribiendo, aprovecho para volver atrás y corregir superficialmente lo que he escrito. Por un lado, eso me impide estar parada perdiendo el tiempo y, por otro, en ocasiones me recuerda datos o detalles que había olvidado y que a veces me dan ideas sobre cómo continuar escribiendo.

Después, cuando tengo que hacer la corrección final, mucho más en profundidad, parte del trabajo ya está hecho y es mucho más cómodo y menos pesado.

Por eso mi consejo es este: aprende todo lo que puedas de escritores con más experiencia que tú, pero, a la hora de la verdad, prueba todas las opciones y aplica la que mejor te funcione a ti.

MÓNICA REBOLLO

Escritora de no ficción

Cuando mi libro Conexiones de amor estuvo terminado, decidí tomarme con mucha calma el trabajo de corrección. En total, lo leí como ocho o diez veces. Mi intención era seguir leyendo hasta sentir que todo en él era como yo deseaba que fuera: ningún párrafo debía sonar extraño, ninguna parte de la historia debía quedar “coja” o mal enfocada. Tanta lectura de lo mismo una y otra vez, hizo que algunos pequeños fallos de ortografía, de esos que siempre se cuelan por mucho cuidado que pongas, se me pasaran.

Cuando estás tan metida en algo, al final, no ves… es necesario poner un poco de distancia. Así que tras las primeras lecturas, decidí dejar pasar unos meses y volví a ello. No tenía prisa por publicar, aunque sí muchas ganas. Pero lo primero para mí, además de ofrecer una historia inspiradora para quienes deseen ser padres o madres algún día, era escribir lo mejor posible. Creo que domines o no el arte de la escritura, debes trabajártelo mucho y pensar en la persona que comprará tu libro. Debe recibir un texto con un mínimo de calidad.

Durante la corrección, borré algunos párrafos y otros muchos, los modifiqué. Y en alguna ocasión añadí algunas líneas más a la historia. Al tratarse de un libro sobre la consciencia del bebé en el útero y la asombrosa comunicación que podemos llegar a mantener con él, a última hora (con las correcciones ya hechas) me llegó una historia real de alguien conocido, que encajaba muy bien en uno de los capítulos, así que no pude evitar añadirla antes de darlo por terminado. Entonces sí, sentí que mi libro ya estaba listo para publicar. Es indescriptible esa sensación de haber terminado… Un libro propio es como un pequeño hijo.

SILVIA MARTÍNEZ MARKUS

Escritora de literatura juvenil

Después de seis libros publicados mi manera de escribir ha cambiado mucho, pero ahora mismo suelo trabajar así: como los guionistas de cine escribo un borrador sobre los capítulos, para no perderme. Los escribo seguidos y luego los trabajo uno a uno. Los dejo reposar.

Después los corrijo uno detrás de otro. Es importante tener una continuidad para que no haya lagunas o errores. Trabajo la trama, el estilo y las faltas de ortografía.

Cuando ya doy el texto por acabado, comienzo de nuevo la penúltima corrección. Esta es la más difícil ya que tengo que encontrar tiempo para leer el manuscrito entero seguido. Nunca lo consigo. Pero intento en esos dos días que leo no despistarme demasiado del libro. Con esta corrección compruebo que todo encaje. Si cambio algo, lo dejo reposar. Los cambios a final de proyecto no suelen encajar, pero solo se ve si funcionan o no unos días después.

Después hago una última corrección de faltas de ortografía que se han escapado.

Siempre es leer y releer. Acabas harta de tu propio texto y solo quieres acabar con él. No suelo leer en alto. Conozco tanto el texto que ningún error me llama la atención. Pero funciona. Una vez les di a unos niños un cuento mío para que lo leyeran en voz alta. ¡Y cómo chirriaba!

Es difícil encontrar lectores cero o beta, de confianza y que se lo vayan a leer. Si es de la familia o muy amigos te dirán que el libro es estupendo para no hundirte. Los escritores somos muy sensibles. Otros ni pasan de la página diez.
Cuando acabo los libros, los mando a un lector profesional. Esto me ha ayudado a mejorar algunos aspectos que me han señalado.

Todos los libros los he publicado en editoriales tradicionales que te suelen corregir las faltas y erratas. En general también me ha ido bien.

VIRGINIA GIL RODRÍGUEZ

Escritora de ficción

Siempre me permito escribir un primer borrador de la historia de un tirón, sin corregir nada, exceptuando pequeñas anotaciones que voy haciendo en rojo. Una vez terminado lo releo y voy completando y mejorando la trama al mismo tiempo que realizo la primera corrección.

Tras una segunda lectura y corrección, se lo paso a varias personas de confianza que suelen ser bastante críticas conmigo: mi pareja y mi madre que son terribles criticando, y un par de amigos. Espero sus sugerencias y corrijo de nuevo.

Antes de auto publicarme, me gusta probar suerte con algún concurso porque es una manera de ser leída y al mismo tiempo, permito que el libro cuente con el tiempo de reposo necesario ya que suelen pasar varios meses hasta conocer el fallo.

Cuando no gano y me planteo lanzarlo es cuando lo corrijo de forma drástica y luego se lo paso a mi correctora que detecta más fallos y me propone mejoras. Y vuelta a corregir: leo en voz alta frases o párrafos que me hacen dudar, procuro ser más precisa con cada palabra, evitar repeticiones, etc.

Todo esto para decir que puedo llegar a corregir un libro hasta ocho, diez o incluso más veces (me lo aprendo y a veces hasta pierde encanto) y siempre me queda la duda de si puedo mejorarlo.

Corrijo mucho, sí, pero creo que ante la avalancha de libros que hay en el mercado, no me puedo permitir lanzar un libro sin darlo todo. Y aun y todo es inevitable que se cuele alguna errata que hay que saber aceptar…

¿Qué te han parecido estas experiencias? ¿Te sientes identificado con alguna de ellas? Cuéntamelo en los comentarios.

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Correctora, filóloga y escritora de fantasía juvenil. Ayudo a escritores tanto de ficción como de no ficción a mejorar y pulir sus textos, y a dejarlos listos para publicar. Les enseño cómo revisar sus libros y todos los secretos de la autopublicación.