Empezar a escribir puede convertirse en un reto para quien quiere plasmar en el papel las historias que le rondan por la mente. A algunos les sale de manera natural, pero otros necesitan una guía. En esta serie de artículos, irás aprendiendo, de la mano de varios escritores, cómo adentrarte en cada género narrativo para empezar a crear esa historia que siempre soñaste escribir.

El artículo de hoy se centra en el terror. Jaume Vicent es escritor del género. Ha publicado varios libros como Blackwood: piel y huesos, La carne y la sangre, El llanto que no cesa o Palabras clave para escritores, entre otros. Te invito a que te pases por su página, donde podrás leer artículos muy variados sobre marketing, escritura, SEO y otros tantos aspectos interesantes.

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Cuando uno ve todo lo que escribe Stephen King al final del año, puede estar tentado de pensar que escribir terror es fácil. Si un señor de setenta y dos años es capaz de publicar dos libros al año, seguro que tú también puedes. El problema viene cuando te sientas delante del teclado y la historia no arranca del todo. En normal, empezar a escribir terror no es tan fácil.

Por si aún tienes dudas, déjame que te diga algo; los dos géneros más difíciles de escribir que existen son el terror y el humor. ¿Por qué? Porque ambos son muy subjetivos. Todos tenemos miedos y todos nos reímos de algo, es cierto. Pero cada persona tiene unos miedos y a cada uno de nosotros nos hacen gracia ciertas cosas.

Voy a hacer un pequeño inciso —es decir, voy a enrollarme un poco— aquí. Es cierto que hay ciertos miedos y ciertas risas universales. Por ejemplo, un golpe en las pelotas es una escena cómica por excelencia. No es la más sutil del mundo, pero seguro que te hace reír. Lo mismo sucede con el terror, pero en este caso, para que funcione sí que necesita ser sutil. Aquí os dejo el mejor consejo para escribir terror: cualquier cosa que pueda imaginar el lector, será un millón de veces peor que lo que escribas. Ergo, deja que el lector imagine.

¿Qué es el terror?

El terror es miedo. Eso está claro. Pero el terror puede ser muchas cosas más. El terror puede ser:

  • Odio
  • Angustia
  • Rabia
  • Violencia absurda
  • Soledad

Uno de mis libros de terror favoritos es La Carretera de Cormac McCarthy. Y, ¿sabes qué? No es un libro de terror como tal, es decir en las librerías no lo encontrarás con esa etiqueta. Es una historia sobre un padre y un hijo que viajan por una carretera durante los últimos días de un planeta moribundo. No es un libro de terror, pero su tono triste y melancólico, y las escenas terribles que se suceden a su alrededor me pusieron la carne de gallina en muchas ocasiones.

¿Por qué te cuento esto? Para que entiendas que el terror no es solo un montón de bichos horribles venidos de las estrellas o salidos de las alcantarillas. El terror, desde hace muchos años, ha superado las figuras del vampiro, el hombro lobo y el tipo de la máscara y la motosierra.

Stephen King, por ejemplo, tiene un relato llamado El dedo que trata sobre un hombre al que un buen día se le aparece un dedo en su baño. El dedo se mueve y tiene vida. Este sería un relato clásico de terror sobrenatural. Sin embargo, tiene otro relato llamado Blockade Billy que trata sobre un jugador de baseball y, creéme, es también un relato de terror.

Por tanto, ¿qué es el terror? Puedes considerar terror cualquier historia que te haga sentir incómodo o que te asuste. El miedo es personal y tienes que aprender a escribir sobre lo que te da miedo. Si son los fantasmas, adelante, hay historias buenísimas sobre fantasmas como Un dios de paredes hambrientas o El Resplandor. Si te da miedo la oscuridad escribe sobre ella y lo mismo si temes a la soledad o al abandono.

Parafraseando a Bryan Adams, solo hay una cosa que le queda bien al terror: tus propios miedos.

El terror paranormal y el terror

Hasta hace relativamente poco el escribir terror era escribir sobre temas paranormales. Las novelas clásicas (Drácula, Frankenstein, El Castillo de Otranto, Otra vuelta de tuerca…) tratan temas paranormales. Esta vertiente gótica, victoriana o clásica ha dejado una huella indeleble en el género y muchas personas siguen pensando que así es como se escribe terror.

Lovecraft tiene un ensayo bastante completo sobre el tema, El terror sobrenatural en la literatura, que te recomiendo que leas si pretendes conocer el género a fondo.

El terror sobrenatural está bien, a todo el mundo le encanta una buena historia de fantasmas clásica. Sin embargo, desde los años 50 el terror fue cambiando sus temas paranormales por otros. Primero se introdujeron elementos de la ciencia ficción, como en el caso de H.P. Lovecraft, que nos trajo engendros estelares a la tierra.

Pero el terror no se quedó ahí. A finales de los 50 y principios de los 60 el terror se refinó todavía más, haciendo suyos temas que preocupaban a la sociedad. En los años 60, tras la crisis de los misiles de Cuba, el miedo a la radiación, lo nuclear y a la URSS fue tema principal de muchas novelas (Soy Leyenda, El increíble hombre menguante o La invasión de los ladrones de cuerpos). A finales de los 70 y principios de los 80 el terror tuvo en cuenta la problemática social de Vietnam o los peligros de la progresiva deshumanización y nos trajo libros violentos y también un regreso a los miedos clásicos como El Exorcista o El Resplandor.

Escoge un buen tema

Como acabas de ver, los temas son muy importantes para escribir terror. Lovecraft supo aprovechar uno de los grandes miedos del ser humano (el miedo a lo desconocido). Por suerte, tú tienes cientos de temas en las manos para escribir terror.

Hoy en día (supongo que igual que siempre) tenemos al alcance de la mano cientos de temas sobre los que escribir. Hay mucha violencia en las calles, violaciones a diario, hombres que asesinan a sus parejas, madres que asesinan a sus hijos. ¿Qué podría haber más terrorífico que una mujer perseguida sin descanso por su marido? Es un tema complicado, peliagudo, pero es un tema candente y terrorífico.

Resurgen los populismos, ¿por qué no escribir una historia tipo La Larga Marcha de King? Un país en el que el populismo se ha convertido en una neo dictadura y cada año selecciona (o deja que se presenten voluntarios) a un grupo de chicos para embarcarse en un juego del que nadie puede salir vivo.

O nuestro planeta. No estamos cargando la Tierra. La hemos envenenado y está muriendo lentamente. ¿Por qué no escribir una historia en la que la Tierra muere o se cansa de nosotros? Hay muchas religiones y mitos sobre espíritus ligados a la naturaleza, ¿por qué no sacas uno de esos espíritus para que nos patee las pelotas? El climate change es un tema muy candente y sobre el que ya se están escribiendo grandes obras de terror y de ciencia ficción.

Otro tema que puedes aprovechar es el racismo. Como en Déjame Salir de Jordan Peele o en Territorio Lovecraft de Matt Ruff, es un tema que vuelve a estar presente en nuestra sociedad. También puedes escribir sobre las enfermedades mentales, como en El Babadook y por qué no sobre el estigma del sexo casual como en It Follows.

Sea como sea, no hay mejores temas para escribir que aquellos que crean tensión social. Es más, la propia tensión social (el odio entre vecinos, las viejas rencillas) es un gran tema, y si no me crees, lee La Lotería de Shirley Jackson.

Crea la atmósfera

Si el tema es la columna vertebral de la historia de terror, la atmósfera son sus piernas. Sin ellas no se sostendrá en pie. Escoger una atmósfera u otra dependerá en gran medida del tipo de historia que quieras contar. Por ejemplo, en El Color que Surgió del Espacio y El horror de Dunwich, H.P. Lovecraft nos sitúa en una zona rural empobrecida, donde las personas son poco mejor que los animales.

Para usar ejemplos más visibles, piensa en la ambientación de La Matanza de Texas, esa casa cochambrosa, llena de humedad, en mitad de la nada y rodeada por los restos oxidados y olvidados de todos los que han tenido la mala suerte de caer por allí.

En El Silencio de los Corderos nos encontramos con una atmósfera mucho más moderna, más urbana. Sin embargo, la primera vez que nos encontramos con Hannibal Lecter es el sótano de la institución donde lo retienen, un lugar tenebroso.

Escoger la ambientación y la atmósfera ayuda al lector a situarse. En El Resplandor, la familia Torrance se encuentra atrapada en un hotel, en mitad de las montañas y rodeados de nieve. En Misery, Paul Sheldon está confinado a una cama, aletargado y atado. Gran parte de Frankenstein se desarrolla en parajes agrestes y en el Polo Norte, lo que marca muy bien el carácter del monstruo, así como el ritmo de la narración.

Cada historia necesita una ambientación y es tu deber como escritor encontrar la más adecuada.

Los personajes

Ahora que ya tienes una atmósfera y un buen tema llega la parte importante: los personajes. En el terror, más que en la mayoría de los géneros, los personajes cumplen un papel vital. A través de ellos asustarás al lector.

Si tus personajes son creíbles y capaces de llegar al lector, este se implicará en su historia y temerá por lo que les sucede. Si tus personajes son de cartón o no gustan, al lector no le importará lo que les suceda, por lo que será difícil que se asuste.

Uno de los puntos fuertes de Stephen King son sus personajes. Todo el mundo simpatiza con Paul Sheldon o con Danny Torrance, por eso temes por ellos. Por eso lo pasas fatal cuando Annie Wilkes entra echa una fiera en la habitación o cuando los fantasmas del Overlook persiguen al pequeño por los pasillos vacíos del hotel.

En Territorio Lovecraft son también sus personajes los que te llevan de la mano a través de las diferentes historias. El lector quiere saber qué pasa con Atticus, con Hypolita y con los demás. La historia, al final queda en un segundo plano, lo que nos interesa son ellos. Lo mismo sucede con series como Stranger Things, la historia es previsible y aburrida en algunos puntos, pero todos queremos saber cómo saldrán de ahí Ce, Will, Steve y Dustin.

Una forma sencilla de que tu lector conecte con tu personaje es hacerlo real. Hace tiempo que el lector de terror no quiere grandes héroes a lo Van Helsing. Queremos tipos normales y corrientes, metidos en una situación que les supera y que no entienden. Queremos ver cómo sufren y cómo son capaces de sobreponerse para salir vivos (o no) de la situación.

Por otra parte, tienes la opción de escribir como Lovecraft. En sus obras los personajes no importan, son meros vehículos de la historia. Apenas tienen diálogos y sabes que por fórmula acabarán muertos o locos. En las historias de Lovecraft los personajes cumplen un papel, pero la atención se dirige siempre hacia los fenómenos.

Dale un giro a tu historia

Las buenas historias de terror tienen un equilibrio natural entre el drama, el realismo, el suspense y, en ocasiones, el humor. Gillian Flynn y Stephen King dominan este equilibrio como pocos escritores.

En el caso de King, es capaz de escribir un relato maravilloso sobre borrachos jugando con fuegos artificiales (si no me crees, lee Fuegos Artificiales en Estado de Embriaguez). En pocas páginas es capaz de establecer unos personajes encantadores, una situación creíble y una historia que te atrapa; tan realista como loca, con un final sorprendente.

Los giros argumentales siempre son un buen recurso, aunque conviene no abusar de ellos. Un ejemplo de un mal uso de los giros (un abuso mejor dicho) sería el final de la película de terror francesa A l’interieur. El primer giro, bien, el segundo… Bueno. El tercero, cuarto y quinto, aburren.

Hay historias que se prestan a los giros argumentales finales. Suelen ser aquellas narradas en primera persona, sobre todo cuando ese narrador es poco fiable. Un ejemplo de este tipo de narrador lo tenemos en La Chica del Tren o en la maravillosa novela Rebecca de Daphne Du Maurier, que nos presenta un narrador tan poco fiable que ni siquiera tiene nombre.

Muchas historias, sobre todo las de temática más clásica, no necesitan giros. Al contrario, tienes que aumentar la tensión durante los últimos capítulos y crear una explosión bestial al final. Un clímax que deje al lector satisfecho o aterrado. Pero tienes que ofrecer un final directo. Imagínate a los chavales de IT despertando en sus casas tras la batalla final, descubriendo que todo ha sido un sueño… Hubiese sido un mal final. Por cierto, si quieres ver un ejemplo de giro final mal empleado, puedes leer La Cúpula de King.

¿Y si el giro argumental no está en el final? ¿Y si escoges un tema y le das un giro de inicio? Pues mira, me alegra que me hagas esta pregunta.

Hoy en día es muy difícil encontrar un tema sobre el que no se haya escrito. Por eso, una gran idea sería escoger un tema cualquiera y añadirle un “¿y si…?”. Te pongo un ejemplo que me gusta mucho: Contracted. Es una película de body horror (un subgénero gore). En ella se trata el tema de los zombis pero desde otra perspectiva. La protagonista, después de acostarse con un desconocido empieza a encontrarse mal. A partir de este momento, viviremos en primera persona su transformación en muerta viviente.

¿Ves? No es tan complicado, solo hay que coger un tema recurrente y darle una vuelta de tuerca. Por ejemplo, en Somos lo que somos, vemos una perspectiva diferente del canibalismo.

No te olvides de lo clásico

Por otra parte, lo clásico funciona. Si quieres escribir terror, el mejor consejo que te puedo dar es que leas mucho terror y que veas mucho terror. Aprende de los maestros del género, pero no solo de los literarios. Carpenter, Cronenberg o Wes Craven tienen muchos trucos divertidos en la manga.

El terror se alimenta de la televisión, la sociedad y la música. ¿Sabes por qué gusta tanto Stranger Things? Por una parte por la nostalgia, pero por otra parte porque está repleta de referencias al terror y a la ciencia ficción. Como te digo, lo clásico siempre gusta.

Si tienes referencias sólidas, si conoces el género (y sus fronteras), tendrás en tus manos una herramienta muy poderosa. Escribe y deja ver tus referencias, no hace falta que escribas como Edgar Allan Poe, quizá tus lectores disfrutan más de una referencia directa a Urutsukidoji o a Berserk (que tiene muchos tropos y referencias lovecraftianos).

Por ejemplo, deberías dejar en paz las historias de amor con vampiros. Ese caballo está muerto desde que Crepúsculo destrozó el mercado. Pero las historias de vampiros clásicas tienen su espacio. Carlos Sisí en Rojo redescubre el mito del vampiro, le devuelve su aura de poder y maldad pura. Sus vampiros corren, saltan y son bestias salvajes, no piensan, apenas hablan y nos recuerdan mucho a los vampiros de la mitología europea.

Conclusión

Escribir terror es complicado, pero también es tremendamente divertido, porque el miedo es diferente en cada persona. Hay miedos para todos, por lo que es bastante sencillo encontrar uno con el que te sientas incómodo (incómodo de verdad) y escribir sobre eso.

Como siempre, es cuestión de práctica. De escribir a diario y de ir encontrando tu estilo y tu lugar en el género.


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Correctora, lectora profesional, filóloga y escritora de fantasía juvenil. Ayudo a escritores tanto de ficción como de no ficción a mejorar y pulir sus textos, y a dejarlos listos para publicar. Les enseño cómo revisar sus libros y todos los secretos de la autopublicación.

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