Seguro que más de una vez te has preguntado cómo empezar a escribir un libro, si hay un método más efectivo que otro o algún truco que facilite la labor.

Lamento decirte que no.

Pero conocer la experiencia de otros escritores tal vez te dé ideas sobre qué hacer o qué no. Por eso te traigo el testimonio de 9 estupendos escritores que se han animado a participar en este artículo (gracias, compis). Como verás, cada cual planifica o se organiza de una manera diferente antes de abordar una historia, aunque hay elementos en los que coinciden.

Conocer diferentes métodos te ayudará a encontrar el tuyo, ese que logrará que tus ideas se conviertan en novelas. Espero que te sientas identificado con alguno de ellos y te resulte útil para mejorar tu escritura. Me encantará saber tus impresiones en los comentarios.

 

 

Ana González Duque

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—¿Cómo planificas las historias?—me pregunta Celia clavado en mi pupila su pupila marrón. Y yo me quedo pensando un rato cuál es el momento en el que todo empieza. Ese momento es cuando abro la libreta. Tengo una libreta por proyecto en la que voy metiendo ideas hasta que son tantas que tengo que sentarme a escribir esa historia en concreto.

Entonces, hago una «semiescaleta» con los puntos de giro más importantes y el final, y me siento a escribir la primera escena. Que así dicho, parece que no planifico nada, pero durante todo el tiempo de maceración en la que los datos están en la libreta, mi cabeza ha ido localizando el tono, el punto de vista, quién es el prota y qué quiero que cuente…

En fin, que llevo viviendo en la novela casi un año en el momento de sentarme a volcarlo en el papel.

David Generoso

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Me pide Celia que hable sobre la planificación de mis relatos y me asegura que no hace falta que me extienda demasiado. Seré obediente e iré al grano: yo no planifico los relatos. Nunca. Never. «Entonces, ¿cómo haces para crear esas historias inolvidables?», me susurra mi propio yo desde el interior de la cabeza. Pues sigo el instinto que he cultivado durante muchos años. Sé cuándo tropiezo con una frase de la que extraer la chicha suficiente como para convertirse en un relato corto. Y cuándo olvidarla para siempre si su jugo es similar al de un plátano.

Es cierto que, en determinados estados mentales más creativos, las ideas fluyen mejor. Pero esto lo digo con la boca pequeña, porque es una situación que no se suele dar. Al menos en mi caso. Lo que mejor funciona se resume en una sola frase: TRABAJO.

Siéntate frente a tu lugar favorito para crear. Enciende un cigarrillo, chupa un caramelo o muérdete las uñas; lo que te sirva para favorecer la relajación de la mente. Captura al vuelo esa idea que tiene un no sé qué, qué se yo que podría funcionar. Y escríbela. Ya vendrá la fase de corregir el relato corto hasta dejarlo irreconocible.

Enrique Carlos Martín

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Antes de escribir una novela mi mente sufre un colapso. Un café bien cargado y un capítulo de Shin Chan ayuda a volver al mundo real, pero queda un remanente creativo que pide a gritos que atienda. No le echo cuenta.

En la ducha me asaltan más ideas, que apunto en mi libro mojado (no el de Roberto Aliaga, en el mío). La pelea con la almohada se vuelve feroz, y, derrotado, me voy al estudio a trabajar.

Suelo, en mi tímido comienzo, escribir unas frases sobre el tema que me ronda o el personaje que en mi mente habita. Encuentro palabras que me poseen y entonces amplío y amplío la información en distintos archivos Word. Mis dedos desbordan el teclado y visitan folios, cuadernos y apps del móvil dejando todo tipo de esquemas, listas, palabras, frases y párrafos, que resultan machetes que desbrozan el paisaje con denuedo hasta que encuentran un paso, y abren poco a poco la salida al paisaje soñado. Es ahí, febril, cuando retorno al teclado y proyecto caminos, descubro más personajes, hago descripciones, establezco vínculos, hago resúmenes, apunto giros y me hago preguntas, hasta que la trama se sostiene y los personajes me hablan de tú.

Todo ese trayecto lo salpico de asaltos a Google Images para buscar aquello que no tengo claro que exista y a Google Search, para realizar búsquedas inverosímiles de las que alertan a cualquiera que me rastree. Guardo todo como un batiburrillo en el mismo saco (o carpeta), que se hincha y evoluciona, hasta que se envalentona y pide paso, exigiendo salir, con la fuerza de un ente con vida. Entonces, cuando me rinde la evidencia de que aquello será un libro, escribo.

Inma Bretones

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Supongo que habrás oído hablar de los escritores de mapa, de brújula y los paisajistas (que es una opción intermedia entre los dos anteriores). Yo me califico como una escritora de mapa absolutamente.

Soy una de esas escritoras que necesita tenerlo todo planificado antes de ponerse a escribir. He descubierto que esta es la mejor opción para mí, porque mi día a día me deja poco tiempo para escribir y saber qué tengo que escribir cuando me siento delante del ordenador, me ayuda mucho.

Mi proceso de escritura es muy sencillo. Todo empieza por una idea (o una idea supergenialdelamuerte que no me deja vivir si no la escribo). A partir de ahí, desarrollo una especie de sinopsis más o menos detallada de la historia.

Tras ese esbozo inicial es cuando empieza el trabajo más complicado que, para mí, es la construcción de la escaleta de la novela.

El proceso que sigo para elaborar mi escaleta es sencillo: desgloso toda la historia en escenas, organizadas por capítulos, sabiendo qué función tiene cada una de ellas en la historia; los personajes que aparecen; el lugar y tiempo en el que se desarrolla y todos los detalles que considere oportunos.

Para mí, el objetivo de crear una escaleta tan detallada es no dar puntada sin hilo, es decir, lograr que todo lo que aparezca en la historia sea útil para el desarrollo de la misma.

Una vez que tengo lista la escaleta es cuando me pongo a escribir la historia. No te creas que tener una escaleta tan detallada previamente no me permite introducir cambios o añadir escenas según voy escribiendo. La mía es una escaleta viva, que cambia según las necesidades de la historia y de los personajes.

José Manuel Blanco

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Mi forma de planificar actual llega después de hacer una mentoría de novela con Ana González Duque. Lo que salió de ese trabajo es el borrador de mi primera novela, que acaba de pasar por los lectores beta.

Para esa novela, trabajamos la estructura respondiendo a las preguntas de Ana (cuál es el punto de partida, a qué tipo de muerte se enfrenta el protagonista, el punto de no retorno…). También hice fichas de personajes, para las que me inspiré en, atención… Sí, el recurso de «Un café con…» de Celia. Y es muy útil, no lo digo por ser este el blog de la autora: te ayuda a conocer mejor a tus personajes.

Ahora estoy con mi segunda novela y he utilizado los mismos recursos para hacer la estructura básica y los personajes. Son buenos documentos para saber a dónde vas o si necesitas crear conflictos y escenas extra para complicar la situación. También, para estructurar la novela en capítulos y escenas y saber qué te falta por escribir o por dónde continuar.

Probablemente seguiré usando este método o alguna mejora que encuentre por el camino. ¡Un escritor no para de aprender!

Paola C. Álvarez

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Suelo ser muy ordenada y cuadriculada para todo y en mi escritura, también. No puedo sentarme a escribir dejándome llevar, necesito una planificación previa, aunque sea mínima. Tema, argumento y personajes suelen ser los primeros aspectos que trabajo. Primero hago un resumen muy amplio de la historia, incluso meto diálogos si se me ocurren en ese momento para no olvidarlos. Después, hago un listado con todo lo que debo documentar y lo investigo antes de ponerme a escribir para no tener que parar a buscar información. También hago fichas de personajes muy completas, no solo aspectos físicos, sino también personalidad, coletillas que usan al hablar, motivaciones, etc.

Cuando tengo todo eso, empiezo a escribir. No hago una escaleta propiamente dicha, sino que siguiendo el resumen voy preparando lo que tengo que escribir para la siguiente sesión de escritura.

Pilar Navarro Colorado

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«El cuento se te cae encima y la novela crece en ti» decía Cortázar. Me veo reflejada en esa frase. Los relatos de mi libro me «cayeron», no los busqué ni los planifiqué. La mayoría de ellos surgen por la calle. Llego a casa y los escribo o, si eso no era posible, los grabo en el móvil. Otras veces antes de levantarme de la cama. Antes de escribir me los cuento varias veces a mi misma. En cambio, la novela va naciendo poco a poco. Escribo una frase, una idea, personaje, lugar… en un cuaderno. La historia va apareciendo en mi mente poco a poco. Cuando ya tengo cierto material, entonces hago el esquema en el mismo cuaderno de las ideas, les abro ficha a los personajes y voy componiendo el texto en el ordenador.

En no ficción suelo partir de un esquema o índice para aclarar las ideas. Un mapa mental que me indique de donde parto y adonde voy. Pero luego escribo según me voy documentando o me surgen las ideas. Cuando tengo el texto en bruto, lo repaso, lo divido y le doy forma. El índice inicial puede variar.

En general me considero más brújula que mapa. Planifico lo justo.

Valeria Marcon

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Cuando Celia me pidió que le contara cómo me organizo para escribir, pensé: «Yo hago unas escaletas preciosas, muy detalladas. Y trabajo a mis personajes con mucho mimo; les hago sus biografías, pongo fotos… ¡Hasta sé qué les gusta desayunar!». Sí, al comienzo soy muy organizada y lo planifico todo al dedillo. Y no solo es así con la escaleta, con la creación de los personajes o con la construcción del mundo. También el proceso de documentación suele ser amplio e incluso continúo investigando mientras escribo las escenas. Llevo mis apuntes a mano en cuadernos y libretas, y en la actualidad me he aficionado a Evernote, donde incluyo también artículos o páginas webs que me ayudan en la investigación.

Pero entonces ocurre lo que siempre me pasa cuando creo que lo tengo todo muy bien atado: la estructura se va al traste, los personajes van a su aire y tengo que ir cambiando la estructura de las escenas cuando las estoy escribiendo. Suelo imprimir la escaleta en papel y reescribir sobre ella los cambios que creo pertinentes. Lo que siempre tengo muy claro son los puntos de giro de la historia, las motivaciones de los personajes y, por supuesto, el final. La planificación es larga, casi un año, antes de sentarme a escribir, pero vale la pena porque así conozco muy bien a mis personajes, tanto que hasta discuto con ellos como si fueran de mi familia. La frase con la que resumiría el proceso sería: «que las musas te pillen siempre trabajando con una fórmula que nunca falla: 80% de transpiración, 20% de inspiración».

Yolanda Brunés

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La forma en la que planifico una novela no siempre mantiene el orden tal y como la presento aquí, pero estos son los puntos que más trabajo.

IDEA, TEMA, PREMISA

Primero tengo que tener clara la idea base de la que voy a partir, es decir, lo que quiero contar. Luego pienso en el tema que ilustrará esa idea y decido la premisa, que es la moraleja.

CONFLICTO Y OBSTÁCULOS

Luego me centro en descubrir el conflicto principal, que puede ser externo o interno. A menudo ambos juegan un papel importante en la historia.

También empiezo a pensar en los obstáculos que el protagonista encontrará por el camino.

PERSONAJES

Decido quién será el protagonista y defino cómo es usando tres adjetivos para formar su personalidad. A partir de aquí creo un diario personal del protagonista dónde me cuenta quién es, dónde vive, cómo ve el mundo, en qué se fija, qué desea conseguir en la vida y qué necesidades tiene.

Trabajo a los secundarios más importantes y al antagonista de la misma forma que el protagonista.

FINAL DE LA HISTORIA, ESCENARIOS Y UNIVERSO

Decido cómo va a terminar la historia, porque saber el final me ayuda a trazar la ruta para llegar a él, y luego defino los escenarios por los que pasará el protagonista, incluyendo el universo de fantasía en el que se va a mover, en el caso de que haya dos mundos distintos. Cuando tengo cada escenario definido hago una lluvia de ideas para decidir qué situaciones va a vivir el protagonista en esa escena y cómo se va a enlazar una escena con otra, porque en una novela todo tiene que estar conectado.

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Correctora, lectora profesional, filóloga y escritora de fantasía juvenil. Ayudo a escritores tanto de ficción como de no ficción a mejorar y pulir sus textos, y a dejarlos listos para publicar. Les enseño cómo revisar sus libros y todos los secretos de la autopublicación.