Escribir en primera persona puede ser una elección acertada a la hora de crear cualquier historia. Es un tipo de escritura en la que se puede profundizar en el personaje y ofrece mayor intimidad sobre lo que piensa o siente. El personaje se abre al lector y eso le permite que empatice más con él.

Sin embargo, hay algunos errores comunes que puedes cometer si no los conoces. En este artículo voy a hablarte de los más usuales y te propondré soluciones para evitarlos.

1. YO, YO Y YO

A la hora de escribir en primera persona es cada vez más común evitar el uso del «yo» en las oraciones. Pero a veces no basta con omitirlo. Hay muchas formas de expresar ese «yo» sin emplearlo. Lo más habitual es encontrar construcciones con: noté, vi, observé, sentí, percibí, vislumbré, escuché, etc.

Se entiende que, si se está hablando desde el punto de vista de ese personaje, está contando su experiencia, sus vivencias y emociones. Es decir, todo lo que se ve en la novela es lo que él ve. ¿Por qué se insiste entonces en recalcar dichas acciones a cada momento? Al abusar de ellas, el lector no deja de mirar, observar, notar… sin parar. Hasta acabar agotado.

SOLUCIÓN: revisa las oraciones y elige otros sujetos posibles. Dales una vuelta a las frases en que uses este tipo de construcciones y prueba a decirlas de otro modo. Ejemplo:

Noté frío cuando salí de casa y me ajusté el abrigo. Eché un vistazo al reloj. Supe que iba a llegar tarde a la entrevista de trabajo. Me di cuenta de que por la avenida se acercaba el autobús e intenté correr hacia la parada. Escuché el motor del vehículo cada vez más cerca. Tenía claro que no conseguiría llegar a tiempo.

Cuando salí de casa, hacía frío y me ajusté el abrigo. El reloj marcaba las nueve. Iba a llegar tarde a la entrevista de trabajo. Por la avenida se acercaba el autobús. Corrí hacia la parada, pero el motor del vehículo se escuchaba cada vez más cerca. No conseguiría llegar a tiempo.

Supongo que se nota la diferencia en los distintos ejemplos. El segundo es más fluido, más limpio, ¿verdad?

2. MONÓLOGO INTERIOR

Creemos que al escribir en primera persona tenemos vía libre para incluir los pensamientos del personaje y entrar una y otra vez en su cabeza. El problema es que los lectores van a pasar mucho tiempo junto a ese protagonista, van a recorrer el camino de su mano. Si están junto a alguien que les cuenta a cada momento sus pensamientos, van a acabar cansados.

Ponte en su lugar. Imagina estar al lado de un amigo que se pasa horas contándote sus cavilaciones o preocupaciones, sin parar, y encima repite lo mismo una y otra vez. ¿Y qué tal días o semanas? Sí, ya te veo haciendo «uffff».

SOLUCIÓN: actuar en vez de pensar. Habrá momentos para la reflexión, pero úsalos solo cuando sea necesario. No detengas cada diálogo para que el personaje le de vueltas a lo que ha escuchado y que todo le parezca algo sobre lo que meditar. Aprovecha para contar la historia introduciendo diálogos, descripciones, acciones. De esa manera será más dinámico, fluido, y se evitará la sensación de languidez.

Hazlo interactuar con otros personajes y que así avance la historia. Busca momentos adecuados para la reflexión. Y, sobre todo, no le hagas dar vueltas sobre el mismo tema a cada momento.

3. SABER DEMASIADO

Una de las limitaciones que tiene este narrador es no saber cierta información como qué sienten o piensan otros o datos que no le han revelado. En ese sentido, hay que tener cuidado con la forma en que se cuentan las cosas y no dar por hecho algo a no ser que sea muy evidente.

Si el personaje ve que otro está con la cara colorada y gritando, puede decir que el otro «le gritó enojado». Sin embargo, en los momentos en que no está claro es donde se encuentra el peligro.

Por ejemplo, seguro que has visto más de una vez expresiones como: no pudo evitar, se atrevió a, estaba incómodo, irritado, nervioso…, intentando hacer, evitando hacer, etc. Estas expresiones aplicadas a otros personajes mientras se usa un narrador en primera persona son incorrectas la mayoría de las veces.

SOLUCIÓN: este narrador solo puede saber algo con certeza si se lo han dicho o confirmado o si es muy evidente. La solución en estos casos es emplear construcciones como: parecía, se veía, daba la sensación de, como si, etc. Cualquiera que dé lugar a una suposición y no a una afirmación.

Siempre debe quedar la duda de si era así realmente o solo es una apreciación del protagonista. Igual que te pasaría si conoces a alguien que de primeras te da la sensación de que es de fiar. ¿Es de fiar realmente?, ¿puedes estar 100% seguro? Obviamente, no. Tener en cuenta esos detalles es narrar en primera persona.

Juan se veía nervioso en su primer día de clase.

María parecía alterada con mi comentario, aunque no lo mencionó.

Marta cruzó la calle como si nos estuviera evitando.

Juan sudaba y le temblaban las manos. No dejaba de morderse las uñas. Estaba nervioso en su primer día de clase — es evidente

4. LOS PENSAMIENTOS

Al escribir en primera persona, todo son pensamientos del personaje, por lo que no es necesario utilizar comillas o emplear verbos como pensé, cavilé, medité, etc.

SOLUCIÓN: introduce las preguntas o exclamaciones que se hace el personaje, así como sus cavilaciones, en la propia narración, como un elemento más.

Ejemplo incorrecto: María pasa a mi lado y levanta la barbilla. «Me tiene harta su actitud. ¿Quién se cree que es?», pienso. «¿Cómo se atreve a mirarme así?»

Ejemplo correcto: María pasa a mi lado y levanta la barbilla. Me tiene harta su actitud. ¿Quién se cree que es? ¿Cómo se atreve a mirarme así?

5. LOS POSESIVOS

Es común el uso de los posesivos incorrectos en cualquier novela, pero abunda mucho más en la primera persona. ¿Cuáles son los posesivos incorrectos? Los que se usan con partes del cuerpo: mi mano, mi cara, mi pierna, mis ojos, su brazo, su mano, su cabeza… Se considera que esas partes ya pertenecen a la persona y basta con usar un artículo, no redundar en el posesivo.

Como en todo, hay excepciones. Sin en la narración no queda claro de quién es la parte del cuerpo que se menciona, usar el posesivo puede ser una forma de aclararlo. Ejemplos:

Me eché crema en mi cara = Me eché crema en la cara

Mi corazón latía a mil por hora = El corazón me latía a mil por hora

Agarré su mano = Le agarré la mano / Lo agarré de la mano

Este bombardeo de posesivos no ocurre solo con partes del cuerpo, sino también con objetos. Casi nunca es necesario porque por el contexto se entiende que pertenecen al personaje. En caso contrario, habría que aclararlo.

La diferencia está en el tipo de artículo que uses. Los hay definidos, que aluden a algo que ya se conoce y se puede identificar (el y la) o indefinidos, que aluden a lo contrario (un y una), con sus formas en plural, claro.

Te dejo un ejemplo para que veas la diferencia entre usar el artículo y el posesivo:

Agarré mi mochila y me puse mi abrigo. Salí tarde de mi casa y me subí a mi moto.

Agarré la mochila y me puse el abrigo. Salí tarde de casa y me subí a la moto.

No sé tú, pero en ambas oraciones entiendo que todo pertenece al personaje, que es la casa donde vive y la moto le pertenece. Y la segunda suena mucho mejor, más fluida.

Ahora bien, imagina que leemos algo como esto:

Agarré una mochila y me coloqué un abrigo. Salí tarde de una casa y me subí a una moto.

Lo más seguro es que pienses que ha robado una mochila, se ha puesto el primer abrigo que ha visto y además estaba en una casa que vete a saber de quién era y lo de la moto, sin comentarios.

SOLUCIÓN: como ves, el uso del artículo es suficiente para definir objetos que se entiende que pertenecen al personaje o que tienen relación con él. El personaje los conoce.

Usa el posesivo solo cuando sea necesario y no haya otra opción, como con miembros de la familia, para diferenciar algo en concreto de un montón de objetos similares, como comentario posesivo del personaje para aclarar algo, entre otros.

6. DIÁLOGOS

Utilizar el verbo «decir» en el inciso narrativo de un diálogo es lo más usual y corriente, además de ser un verbo de habla que pasa desapercibido porque el lector está acostumbrado a él. Sin embargo, emplearlo en la primera persona no suena tan natural si se hace de manera constante.

SOLUCIÓN: puedes mencionar acciones del protagonista o utilizar este verbo en otros personajes para que no se vea tan forzado. Prueba a leer en voz alta, a ver si te resulta o no natural.

7. LA VOZ DEL AUTOR

Como ya he comentado, este narrador es el personaje, por lo que debe hablar como él, de una manera característica. Es decir, tener su propia voz. En ocasiones, el libro se impregna de la forma de hablar del autor, incluso llega a contagiar al resto de personajes y da la sensación de que todos hablan igual. Esto no siempre sucede con la primera persona, pero hay mucho más riesgo.

SOLUCIÓN: Fíjate en cómo te expresas para asegurarte de si estás usando o no tu voz. Después, elige un tono en el que vas a contar la historia: divertido, ingenioso, sarcástico, frío, etc. Métete en la piel del personaje y habla como él lo haría. Si es necesario, actúa, finge que eres otra persona para ponerte en su lugar.

Intenta diferenciar entre la voz del personaje protagonista, que es el que narra la historia, y el resto. Dales matices a los demás para que no parezca que todos se expresan de la misma manera. Para comprobar la diferencia, lee en voz alta.

¿Te gusta escribir en primera persona? ¿Reconoces alguno de estos errores en tus escritos? Cuéntamelo en los comentarios


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Correctora, lectora profesional, filóloga y escritora de fantasía juvenil. Ayudo a escritores tanto de ficción como de no ficción a mejorar y pulir sus textos, y a dejarlos listos para publicar. Les enseño cómo revisar sus libros y todos los secretos de la autopublicación.

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