Los adjetivos son necesarios para definir los elementos que componen una novela y diferenciarlos de otros. No es lo mismo que tu personaje sea rubio o pelirrojo, o que la casa en la que vive sea enorme o pequeña.

Sin embargo, algo tan simple como un adjetivo ocasiona más errores y problemas de los que podrías imaginar.

Veamos cómo introducir adjetivos en tu novela de manera correcta.

A TENER EN CUENTA

Antes de adentrarnos en los errores más llamativos que se cometen con adjetivos, sería interesante detenerse en algunos detalles importantes.

Los adjetivos sirven para indicar cualidades necesarias, pero, de manera indirecta, con ellos se le dice al lector que algo es relevante. Su mente considerará que debe prestar atención para no perderse detalle. Si adjetivas cada elemento del libro, quien lea tendrá que hacer un esfuerzo mental enorme para seguir tu novela y recordarlo todo, con lo que acabará agotado. Lo más probable es que deje de leer por exceso de información o termine saturado.

Además, el abuso de los adjetivos vuelve el texto cargante y pesado de leer. Rompe la fluidez en la lectura y provoca que todo sea lento, por lo que hay que tener cuidado si se introducen en ciertas novelas o escenas (lo verás con más claridad en el siguiente apartado).

La sencillez está más valorada en la escritura que una elaboración recargada. Con un texto claro, además de ganar en fluidez, el lector te entenderá mejor. Esto no quiere decir que uses palabras simples o comodín, se trata de no abusar de los adjetivos o no usarlos en momentos en que no se debe.

Como en todo, tampoco hay que eliminarlos de tu libro por completo. Si se quitan todos los adjetivos, el texto queda pobre o infantil.

La mejor opción es dosificar su presencia y encontrar el término medio adjetivando solo los elementos que aporten información nueva y relevante para el lector.

ERRORES HABITUALES

  • Adjetivar en escenas incorrectas. Intenta no describir ni usarlos de manera condensada durante una escena de acción: discusiones, batallas, peleas, persecuciones, etc. Igual sirve para libros en los que el ritmo es vertiginoso.

  • Adjetivos que riman. Usar rimas en narrativa es un error y debería evitarse siempre. A veces los adjetivos riman entre ellos o con el sustantivo: Me compré una helado morado.

  • Se agrupan. Si adjetivar resulta pesado a veces, lo es mucho más si agrupas los adjetivos de dos en dos o incluso de tres en tres. A veces se utiliza para dar énfasis, pero la sensación que queda es que es redundante o pesado.

Úsalos solo en contadas ocasiones y para enfatizar algo importante. Recuerda que siempre que se abusa de un recurso acaba perdiendo su razón de ser y desaparece el efecto.

  • Agrupados con mismo significado o idea similar. Tiene un efecto parecido al anterior, pero además la sensación es que se dice lo mismo con otras palabras.

Ejemplo: Era un día oscuro, lluvioso y húmedo.

En estos casos, es mejor utilizar una palabra precisa que reúna las cualidades de ese día o decantarse por uno de los usados, y no ser redundante.

  • Adjetivar para evitar mostrar. Este error surge cuando se usan los adjetivos para decir una cualidad de un personaje en vez de mostrarla por medio de sus actos o lo que dice. La sensación que queda en el lector no es la misma y a veces ese rasgo puede pasar desapercibido.

Por ejemplo, no es igual decir que alguien es egoísta a mostrarlo en una escena donde se le ve comportarse como tal con otros. Igual sucede con otro tipo de emociones momentáneas como si está contento, enfadado, etc. Este tipo de escenas dejan una huella mayor en el lector.

Mira estos dos ejemplos, donde se dice lo mismo, pero la sensación que queda no es igual:

María estaba enfadada.

María dio un puñetazo en la mesa y se marchó con un portazo.

  • Se entienden por el contexto o llevan implícito ese rasgo. Por ejemplo, es innecesario usar adjetivos como: niño pequeño, mansión enorme, castillo gigante, tren largo, nieve fría, lluvia húmeda, etc.

  • Los adjetivos empleados no son precisos, no dan información exacta. Es decir, son esas palabras subjetivas que no aclaran cualidades.

Por ejemplo, alto, bajo, gordo, elegante, etc. son adjetivos que dependen de la percepción del escritor y el lector. Alto puede ser una persona de dos metros o de metro ochenta. Intenta ser preciso siempre.

  • Se cambian los rasgos de elementos principales. Por ejemplo, tu personaje era rubio al comienzo de la novela y termina castaño al final, sin haberse teñido. Es importante crear fichas que detallen esta información para no generar incongruencias.

USOS CORRECTOS

Se deberían usar los adjetivos cuando:

  • Se da información nueva y que aporte detalles necesarios para entender la historia.

  • Se describe un elemento importante o un rasgo significativo. Por ejemplo, la espada del elegido, el anillo mágico, una varita, una carta, un tatuaje, una cicatriz, etc. En estos momentos podrás detenerte porque es necesario conocer la información.

  • Descripción de personajes o lugares. Intenta que no quede todo condensado en un párrafo y juega también con la acción. Por ejemplo, en vez de describir una casa al completo, es preferible dosificar la información mientras los personajes pasan por cada lugar. Te recomiendo leer este artículo para saber más sobre maneras diferentes de describir.

  • Worldbuilding o elementos fantásticos. Los adjetivos ayudarán a entender mejor los componentes de tu mundo de fantasía o ciencia ficción, sobre todo si son inventados. También es importante usarlos para describir la primera vez que se ve un hecho mágico.

Espero que este artículo te haya ayudado a ver los adjetivos con otros ojos. ¿Sueles adjetivar mucho? ¿Cometes algunos de estos errores? Cuéntamelo en los comentarios

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Correctora, maquetadora, mentora y formadora de escritores. Autora de manuales de escritura y novela juvenil. Ayudo a escritores a mejorar y pulir sus textos, y a dejarlos listos para publicar. Les enseño cómo revisar sus libros y todos los secretos de la autopublicación.