Ningún autor se libra de tener errores de redacción. Es normal que suceda, sobre todo, si estás empezando. Pero cuidar la forma en que escribimos es fundamental para que el libro que mostramos al mundo tenga calidad.

Por eso, en este artículo he recopilado doce errores que suelo ver muy a menudo en los libros que corrijo. Espero que conocerlos te ayude a mejorar como escritor.

1. LíO CON LOS TIEMPOS VERBALES

Cambiar de tiempo verbal cuando se escribe suele ser un error, a no ser que esté justificado. Si narras todo el libro en pasado, lo lógico es que lo mantengas durante toda la novela.

Pero a veces se ocasionan líos en casos puntuales:

  • Diálogos en pasado: aunque el texto esté narrado en pasado, los personajes hablan en presente cuando realizan acciones que se refieren a ese momento, a no ser que hagan referencia a un hecho sucedido antes, claro.

En este ejemplo, tiene más sentido la primera frase, ya que la segunda hace referencia a un hecho del pasado que no encaja con la idea de que en ese momento le devuelva el libro:

—Toma el libro que me prestaste —dijo María, entregándome el ejemplar. v

—Tomaste el libro que me habías prestado —dijo María, entregándome el ejemplar. x

  • Incisos narrativos de diálogo. Si la historia está narrada en pasado, el inciso narrativo también debe ir en ese tiempo. Si está narrada en presente, el inciso también.

Cabalgamos durante toda la noche. No paramos ni un momento, ni siquiera a beber agua.

—Estoy exhausta —dice María. x

—Estoy exhausta —dijo María. v

  • Pensamientos en pasado: al escribir en pasado, creemos que los pensamientos también deben ir como en la narración. Los pensamientos se comportan igual que los diálogos. Si narramos en pasado, podemos pensar en presente: “Estoy harta”, pensó María.

2. EXCESO DE RECURSOS

Este error de redacción sucede cuando abusamos de un recurso que nos parece interesante y lo explotamos hasta la saciedad. Algunos de ellos son: palabras en mayúsculas, comparaciones, metáforas, exclamaciones, puntos suspensivos, etc.

El problema que tiene abusar de estas estrategias es que pierden su efecto. Por ejemplo, si usamos exclamaciones con doble o triple signo en muchas frases del texto, cuando realmente queramos destacar algo, va a pasar desapercibido. El lector lo ignorará.

Una comparación interesante pasará sin pena ni gloria en un mar de comparaciones. Ejemplo de comparación: estaba tan entusiasmado como un niño abriendo los regalos en Navidad.

Por eso, dosifica e integra estos recursos en momentos puntuales que tengan una estrategia concreta, como impactar al lector.

3. ADJETIVACIÓN MEGAPRESENTE

El abuso de la adjetivación es uno de los errores de redacción más habituales. Seguro que me dirás que el adjetivo hace falta para decir cómo es algo. Y tienes razón. El problema viene cuando lo adjetivamos todo, y encima de dos en dos y de tres en tres.

A veces, incluso somos redundantes con una misma idea: La chica está alegre, contenta y feliz.

Los lectores captan que algo es importante cuando lo señalamos con adjetivos. Así pues, si lo adjetivas todo con la misma relevancia, su atención estará puesta en cada elemento del texto. Y eso lo llevará a hacer un esfuerzo mental tremendo.

Mi consejo es que adjetives lo que es relevante para la historia o que lo emplees en descripciones.

4. LÉXICO REBUSCADO

A veces, utilizamos palabras cultas, arcaicas o en desuso solo para impresionar a los lectores porque creemos que así pareceremos mejores escritores. Así usamos términos poco habituales porque creemos que es mejor, sobre todo, en los diálogos. En vez de emplear los usuales (decir, preguntar, gritar, exclamar, etc.), optamos por otros más rebuscados (rezongar, musitar, bramar, apostillar, etc.)

El problema es que consiguen el efecto contrario: el texto no se entiende, esas palabras crean un foco y captan la atención del lector, sacarán de la lectura, etc.

Y ten cuidado con los sinónimos. A veces, para buscar una palabra que sustituya a otra, elegimos una que no significa exactamente lo mismo o que tiene un tono diferente al utilizado en el libro.

Te aconsejo que siempre optes por la sencillez, que no quiere decir que escribas mal a propósito. Esto lleva al siguiente punto.

5. POBREZA LÉXICA

La pobreza léxica no se refiere a que optes por escribir de manera culta, como vimos en el punto anterior, sino a evitar ciertas expresiones:

  • Palabras comodín: son estas que sirven para todo, que se usan como sinónimo de cualquier otra palabra o acción: cosa, bicho, cacharro, tema, aparato, asunto, bueno, malo, grande, poner, hacer, tener, etc. En estos casos, es mejor usar una palabra precisa:

He hecho un bizcocho = He preparado/cocinado/horneado un bizcocho

  • Repeticiones de palabras: cuando usamos una palabra repetidas veces, sobre todo, en el mismo párrafo. Lo mejor es optar por un sinónimo, decirlo de otro modo, eliminarla o darle una vuelta a la frase.
  • Perífrasis verbales y construcciones: es cuando para exponer una idea usamos una construcciones verbal en vez del verbo directo. Por ejemplo: dio un grito = gritó.

Usar todos estos recursos para escribir suele indicar que el escritor ha trabajado poco el texto o que no tiene más formas de expresar su idea.

6. LUGARES COMUNES

Se les llama así a los clichés léxicos, es decir, a esas expresiones, palabras o frases que se repiten hasta la saciedad. Solemos utilizarlas para embellecer nuestros textos, pero están tan vistas que han perdido su valor.

No son errores de redacción en sí, más bien muestran que no es tu estilo ni tu forma de contar las cosas, sino la de otros escritores. Muchos de los lugares comunes son los refranes y frases hechas.

Algunas son: mirar de arriba abajo, venir a la mente, algo se apoderó de él, mar de dudas, arder en deseos, se le iluminó el rostro, etc.

En la sección de recursos para escritores puedes encontrar un ebook gratuito con un listado que recopila muchas de estas expresiones.

7. FRASES ENCADENADAS

Un de los errores de redacción habituales es cuando tendemos a encadenar una frase con otra con subordinadas y creamos un párrafo entero sin un solo punto. El problema en muchos de estos casos es que el lector pierde el hilo de lo que se estaba contando y tiene que releer, algo que te recomiendo evitar a toda costa.

Lo mejor es optar por incluir puntos o punto y coma para separar ideas, dentro de lo posible. Así también será más fácil ver si has terminado la frase y no ha quedado abierta.

8. FRASES MUY CORTAS

También podemos encontrarnos con el error contrario. Usamos frases tan cortas que el texto parece telegrafiado o se lee a saltos.

En estos casos, habría que optar por el término medio. Puedes jugar con frases más cortas en escenas de acción, por ejemplo, donde el ritmo es más rápido, y las subordinadas en descripciones, donde el ritmo es lento.

9. CORTAR DIÁLOGOS

Este error de redacción se da cuando introducimos un inciso narrativo en un momento en que no viene a cuento. Se crea un corte en el ritmo de la frase.

Mira estos dos ejemplo. El primero crea una interrupción que no tiene sentido.

—Te voy —dijo entusiasmado— ¡a contar una gran noticia! x

—¡Te voy a contar una gran noticia! —dijo entusiasmado. v

10. DIÁLOGOS ABSURDOS

Son esos diálogos en los que se usa una construcción absurda para el lector, ya sea porque es evidente o innecesario.

Fíjate en este ejemplo:

El teléfono vibró. El nombre de María destacaba en la pantalla. Con desgana, descolgué.

—Hola, soy María —dijo María. x

Es evidente que el lector ya sabe que es María la que ha llamado porque lo hemos visto en la narración. Repetirlo en el diálogo y en el inciso sobra.

11. IDEAS DESORDENADAS

Encontramos otro de los errores de redacción cuando presentamos una idea, saltamos a otra y luego volvemos a la primera. Por ejemplo, se habla de la familia del personaje, saltamos a describir la habitación y luego seguimos con la familia. Se da mucho en descripciones, presentaciones y resúmenes.

En estos casos, el texto se lee a saltos, adelante y atrás. Es mejor agrupar las ideas para ir zanjando temas, sobre todo, en la misma escena. Por eso, piensa antes qué vas a contar para tenerlo claro y no ir saltando de un lado a otro.

12. SER REDUNDANTE

Es cuando creemos que el lector no ha entendido una idea y explicamos lo mismo con otras palabras para recalcarlo. El texto resulta pesado.

Si eres claro la primera vez, no será necesario que lo repitas. Se entenderá sin mayor problema.

¿Has cometido alguno de estos errores en tus textos? ¿Los has visto en otros libros? ¿Qué otros errores de redacción sueles tener? Cuéntamelo en los comentarios.


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Correctora, lectora profesional, filóloga, maquetadora, mentora y formadora de escritores. Además, escribo novela juvenil. Ayudo a escritores a mejorar y pulir sus textos, y a dejarlos listos para publicar. Les enseño cómo revisar sus libros y todos los secretos de la autopublicación.

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